AGITADORAS

PORTADA

AGITANDO

CONTACTO

NOSOTROS

     

ISSN 1989-4163

NUMERO 95 - SEPTIEMBRE 2018

Checoeslobalkania (XV) -Carpas para la Wehrmacht, de Ota Pavel

Luis Arturo Hernández

 

                CARPA DIEM  o UN HRABAL DE PISCIFACTORIÁ
   (Carpas para la Wehrmacht, Ota Pavel, Barcelona, Sajalin, 2018)

         “Y luego, mientras la besaba, decirle algo tan/ grotesco que la risa y el llanto se mezclaran en una sensación dolorosa.”
               Lawrence Durrell, Balthazar [Edhasa, 2010, pp. 159-160]

   Picaresca bienintencionada, ocurrencias disparatadas, sensualidad amable e irónico humor melancólico: ingredientes imprescindibles de la narrativa bohemia del siglo XX. Y de ese afluente checo del gran río del grotesco festivo y carnavalesco explorado por Bajtin. Y ahí, a las orillas de ese gran río, navegado por sus antepasados, el periodista  judío Ota Pavel —“Pensamos que si vivíamos en tierra checa debíamos tener un nombre verdaderamente checo en lugar de nuestro Popper; quizá estuviéramos un poco más acojonados de lo necesario” (p. 116)— trepa por el árbol genealógico de la narrativa checa como sobrino literario de Bohumil Hrabal, acaso como sobrino nieto de Hašek, al evocar  las peripecias fluviales de su padre, más parecido, no obstante, al enamoradizo y fantasioso tío Pepin de Hrabal que al misógino ¿y asexuado? valeroso soldado Svejk.

   Con su capacidad de persuasión —como publicista, durante la república liberal, como embaucador en el Protectorado o como propagandista durante el comunismo—, ese Leo Popper es un palabrista, un charlatán de taberna cuya capacidad narrativa —“Cuando mi madre se enteró, le dijo al modo judío que era un meshuge, término que se refiere a una persona entre loca, desequilibrada e idiota” (p. 108)— hereda su hijo, el periodista Ota Pavel, y confirma clínicamente, pocos años antes de su muerte, desde la torre de marfil de un sanatorio psiquiátrico desgranando el anecdotario familiar en estos nueve relatos.

   A lo largo de los tres regímenes que configuran la vida política de la Europa eslava, las piruetas, más que peripecias, del agente comercial Popper giran en torno al régimen alimenticio y la capacidad de supervivencia en el medio natural de la bohemia fluvial y en relación directa con el mundo rural, la caza furtiva, crianza, trueque y contrabando de pescado de río, de carpas a lucios, pasando por corzos, cerdos o conejos, a los insectos.   Y su identificación antropoanimalizadoramente grotesca con ellos: desde la escurridiza carpa en la I República, o el perro en el Nazismo —“Los ojos del perro y del hombre se encontraron. […] Quizá maldijeron la vida perra, o la judía, quién sabe” (p. 52) — hasta  el cerdo en el Comunismo—“Puede que hasta durmiera con esos cerdos, no se lavaba ni nada. […] Yo iba a verlos y fui testigo de la realización práctica del socialismo. Fueron con la esperanza de aquí saldrían adelante, pero acabaron de rodillas” (pp. 107-108)—.  

   Una carpa de circo de tres pistas, o tres carpas, bajo cuyo signo Pavel presenta como jefe de pista a ese mago ilusionista que fuera su padre en la época de las vacas gordas —“Con razón, pues sabía hacerlo como un malabarista” (p. 76)—. Pero “es cierto que más tarde había un segundo o tercer acto, del que a mi padre ya no le gustaba hablar” (p. 76):  el del funámbulo que baila sobre la cuerda floja —“y se balanceaba sobre un solo pie, como un equilibrista” (p. 83)—, cuando llegan las vacas flacas de sendos  totalitarismos —siameses, diría Todorov—, componiendo un espectáculo de prestidigitación narrativa que hace de Carpas para la Wehrmacht un tren Chu-chú que “llevaba letreros como los que había en el circo Buch o en el Humberto”. Y “La realidad resultó ser algo distinta”  (p. 113), antes de la acrobacia del salto mortal ante los “Conejos de ojos sabios” de su chistera.  Dejémoslo, pues, como diría otro palabrista, en “carpaccio al estilo Hrabal”.


                                           VER LAS ESTELLAS


   Y, no obstante, es su condición de judío la que subyace como un hilo conductor a esa evolución —¿o involución? — que discurre de la República de Masaryk  al Socialismo: desde el desenfado del representante comercial triunfador—“como campeón nacional de ventas y campeón del mundo de la compañía Electrolux”—, a la concienciación irónica, pese al internamiento en campo de Popper y sus hijos mayores, de ser JUDE en el III Reich —“Los chicos se dieron un atracón para los años que vendrían, para aguantar Terezín, Auschwitz y Mauthausen, […] y para todas esas cosas bonitas que les habían preparado los alemanes” (p. 57)—, como en el relato que da título al libro —“Aquella música sonaba solo en honor de mi padre, que con su estrella de David en el abrigo había dejado a los alemanes con un palmo de narices” (p. 68)—; Y más dramática en su arraigo en Bohemia —“Nunca podremos olvidar la destrucción de Lídice; se nos quedó agarrada de un mordisco en el corazón, como garrapatas en la piel, sólo que con una cruz gamada negra en lugar de mandíbulas y patitas” (p. 62)—, puesto que “Mi padre amaba este país, quizá más que mi madre, que era cristiana” —“para ella, tener un hogar era algo, por así decirlo natural, mientras que mi padre y sus antepasados lo habían tenido que buscar durante cientos de años hasta encontrarlo” (p. 60)—. Sin embargo, cuando renace esa condición de marginado, de xenofobia y racismo, de una forma más profunda, dolida y desilusionada —“Mi padre también creía que por fin habían llegado los que no dividirían a la gente entre blancos y no blancos, entre judíos y no judíos. Al menos así lo prometían todos en sus libros y discursos, empezando por Lenin” (p. 93)— es precisamente cuando sobreviene la decepción del régimen socialista —“Vuelven a matar judíos. Otra vez necesitan echarle las culpas a alguien” (p. 105)—: “llegué hasta la puerta del jardín, en la que cada primero de mayo de mayo pintaba estrellas de cinco puntas.  Esta vez había grabado dos grandes estrellas. Conté las puntas: Una punta… dos, tres, cuatro, cinco, seis puntas… […] En este lugar había dejado de ser comunista y había vuelto a ser judío” (pp. 105-106).  Y no es casual la alusión, unas líneas después, a Slánsky y Margolius, comunistas judíos del correlato trágico de los procesos de Praga que A. London detalla en La confesión o  Heda Margolius Kovály, viuda del segundo, en sus memorias Bajo una estrella cruel. “En ese momento estaba cayendo una estrella dorada, más bella y quizá incluso más justa que todas las estrellas de este extraño país” (p. 106),  desengaño  que se hace extensivo al hijo, periodista del régimen, en el satírico y muy autocrítico relato  “La carrera por Praga”: “Me golpeaban por mis reportajes de radio semiverídicos y distorsionados y por los cuentos ingenuos; me golpeaban por las burradas y perrerías que cometeríamos a partir del día siguiente, cuando venciéramos. Me pegaban por las traiciones y los asesinatos que perpetraríamos” (p. 100).

                                         EL RÍO QUE NOS LLEVA

      “Por supuesto que duele. Pero nosotros sabemos que la historia de la literatura es la historia de la risa y del dolor. He aquí las formas imperativas para las que no/ existe escapatoria: ¡Ríete hasta que duela, y sufre hasta la risa!
                    Lawrence Durrell, Clea [Edhasa, 2008, pp. 197-198]

   Dichoso grotesco carnavalesco que funde la risa y el llanto, que confunde el amor y la muerte en pos de la utopía de la abundancia en ese gran cuerpo popular de la especie y que bien pudiera condensarse en el entrañable homenaje al tío Prošek, el Caronte checo:

   “Habían puesto un gran ataúd negro en su barca más vieja, la misma en la que Prošek  había transportado a docenas de amigos muertos al margen de Nezabudice. Yacía en el ataúd con su bonito bigote bajo la nariz [“el mismo que llevaba el ex cabo Adolf Hitler” (p. 47], pálido como la/ Muerte. Lo llevaron al otro lado. Debajo de nosotros, el río corría como lleva corriendo millones de años”, y yo no encontraba consuelo” (p. 58).


Carpas para la Wehrmacht

 

 

 

 

 

@ Agitadoras.com 2018